Por: Santiago Hernández

Foto: cortesía 

Un 13 de julio de 1917, tres niños pastores tuvieron una visión que cambiaría el resto de sus vidas, fueron testigos de la aparición de la virgen María.

Este extraordinario suceso para los creyentes católicos sucedió en la localidad de Cova da Iria, en Fátima Portugal.

Los tres pastorcillos, dos niñas y un niño, contemplaron un “mar de fuego” con demonios y almas entre llamas, una escena que los llenó de espanto, describió sor Lucía en sus Memorias. 

En una visión, la virgen les explicó que ese es el destino de quienes mueren sin arrepentirse de sus pecados graves y les indicó el camino para evitarlo mediante la conversión.

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