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21 agosto, 2018

Michelle White, de 32 años, y Scott Plumley, de 41, se amaban profundamente. Se habían conocido a través de un sitio de citas online hace dos años y chatearon durante un tiempo hasta que se encontraron por primera vez.

El era un electricista que se había trasladado a Bristol por trabajo. Ella cuidaba ancianos y criaba sola a sus dos hijos.

Unos meses después del primer encuentro, Scott se instaló en la casa de Michelle para terminar de afianzar el noviazgo y ver si la convivencia funcionaba. Y funcionó.

Scott se convirtió en un padre para los hijos de Michelle y comenzaron a ahorrar dinero para casarse en algún momento.

Pero a fines de julio él comenzó a quejarse de dolores digestivos. Fue al médico y le recetaron omeprazol, para tratar las úlceras estomacales.

Pero una noche, tras regresar de su trabajo, Michelle encontró a Scott tirado el suelo con un enorme dolor. Llamó al número de emergencia y una ambulancia lo llevó a internar de urgencia.

El sábado 11 de agosto, una endoscopia reveló que su caso era más serio que una úlcera estomacal. Y el lunes, los estudios lo confirmaron. Un médico fue hasta su cama y le anunció que tenía un cáncer de esófago en estadio 4, y como se había detectado tarde, ya se había expandido hacia el hígado y lo había destruido.

Era demasiado tarde para cualquier tratamiento. Michelle preguntó cuanto tiempo le quedaba de vida a Scott, pensando que serían al menos unos meses para poder disfrutar algún viaje. «Me dijeron que no. Que podían ser algunas semanas como máximo, quizás solo días. Que no había nada por hacer, ni quimioterapia ni nada, sólo paliativos. Fue devastador», le contó al diario Bristol Post.

Después del impacto, tomaron dos decisiones. Avisarle a la familia de Scott y…. planificar su boda para cuanto antes. El martes pasado, mientras la familia y amigos de Scott llegaban desde toda Inglaterra para acompañarlo, Michelle puso un aviso contando su historia en el sitio de donaciones GoFundMe para juntar dinero que les permitiera organizar la boda.

A las 4 de la tarde del martes llegó a la oficina del registro municipal para solicitar una boda y logró que el oficial se presentara el miércoles al mediodía en el hospital para casarlos.

«Una de mis amigas me hizo la torta y un bouquet de flores. Una vecina me hizo el peinado. Fue extraordinario como se movilizaron todos», cuenta Michelle.

Mientras tanto, viejos amigos del trabajo y la escuela llegaban desde Bristol, Hartcliffe y Withywood para llevarle cariño a Scott hasta su cama.

El miércoles, antes del mediodía, se vistió con una camisa y pantalones y lo llevaron en una silla de ruedas hasta una sala tranquila al final de una de las alas del hospital Southmead, donde se juntaron la familia y los amigos.

Conectado a un respirador y con pocas fuerzas, cuando el oficial le preguntó si tomaba por esposa a Michelle, dijo fuerte y claro: «¡Sí, por supuesto!». Hubo decenas de fotos, brindis y risas.

Scott regresó a su cama. Estaba cansado. Todos se fueron yendo. Su mamá y su hermana se despidieron a las 11 de la noche y sólo quedó Michelle.

«Se sentía mal, luchaba con el oxígeno…. Pero a eso de la 1.30 de la madrugada se estabilizó. Lo senté, tomé su mano y se rió. Comenzó a decirme que lo lamentaba y que me amaba. Yo lo besé y le dijé ‘yo estaré bien, tu puedes librarte del dolor'».

Hubo un beso final. Michelle oyó la última respiración de Scott apenas 13 horas después de que se transformara en su esposo.

«Yo trabajé cuidando enfermos toda mi vida y haciendo cuidados paliativos y la de Scott fue la muerte más hermosa», dijo Michelle. «Fui su esposa durante solo 13 horas pero gané una familia y amigos hermosos», agregó. Ahora está comenzado a organizar el funeral de su esposo, en la misma semana en la que había organizado su casamiento.

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San Salvador, El Salvador

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