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La ciudad de Tonacatepeque celebra cada uno de noviembre el famoso festival de la Calabiuza, una tradición centenaria que se da vida a los personajes mitológicos del país.
Ubicada a 24 kilómetros al norte de la capital, Tonacatepeque ofrece una celebración mágica que encierra la cultura de nuestros antepasados y que se mantiene viva con el pasar de los tiempos.
Es única celebración que se hace en El Salvador y se remonta a una época de antaño que reúne creencias católicas, como la celebración del Día de Todos los Santos, con la costumbre de recorrer las calles de la ciudad pidiendo ayote en miel, casa por casa entonando el estribillo “ángeles somos del cielo venimos pidiendo ayote para nuestro camino mino mino” que se mezcla con la interpretación de personajes mitológicos y muy populares en El Salvador.
Cabe resaltar que esta celebración no tiene nada que ver con la fiesta de Halloween, ya que son las vísperas del día de los santos difuntos y aunque los jóvenes y niños se disfracen de los personajes míticos, la realidad es para mantener una riqueza cultural para que no muera la tradición ancestral.
Grupos de jóvenes y niños personifican con energía a personajes mitológicos como el Cipitío, la Siguanaba, el padre sin cabeza, decenas de almas en pena y la carreta chillona.
También se encuentran múltiples actividades culturales, festival gastronómico y quema de pólvora.
La tradición de repartir ayote en miel no tiene una fecha exacta, pero según los lugareños, esta tradición viene desde los antepasados del pueblo quienes tenían la costumbre de prepararlo. Para ese entonces, los niños se daban cita para la pedigüeña casa por casa y depositarla en cebaderas.
Los infantes solían vestirse de ángeles haciéndose acompañar de velas encendidas colocadas dentro de morros con agujeros llamando a este accesorio como las calabiuzas, que servían para iluminar el camino.
En el recorrido, los participantes cantaban el estribillo, haciéndose acompañar de ritmos al son del pito y el tambor, luego les entregaban su porción de ayote en miel, al final del recorrido todo lo que se recolectaba era repartido en partes iguales entre el grupo.