En el pasado, los pandilleros mantenían el control no solo de las calles y la vida social de la población salvadoreña, sino que también al fallecer, eran honrados con altares en los cementerios del país, extendiendo su control a cada aspecto de la cotidianeidad.
Pero en el año 2022, el presidente Nayib Bukele, ordenó la destrucción de dichos alters en las tumbas de los mareros fallecidos, ya que la población aún temía al ver la simbología terrorista.
Esta medida fue posible luego de la recuepración de las calles y cárceles con las medidas de seguridad mediante la Guerra Contra Pandillas y el Plan Control Territorial, devolviendo a las familias la tranquilidad que por décadas les fue arrebatada por el crímen organizado.
Ahora, los salvadoreños pueden acudir a los cementerios con la total seguridad de que no se encontrarán con pandilleros ni altares que los honren, mientras visitan las tumbas de sus seres queridos.
Esta medida no solo significa la cero tolerancia contra estas estructuras criminales que sometieron al país en el miedo y luto, sino también consolida una cultura de paz y muestra el respeto que merecen las víctimas de la violencia.