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Así fue el saque del salvadoreño Marcelo Arévalo para disputar el último punto del encuentro y adjudicarse por segunda ocasión el trofeo del Grand Slam de París el Roland Garros.

Tras el saque el salvadoreño vuelve a rematar y al fallar sus oponentes, el chelo se arrodilla y levanta sus manos para agradecer al creador.

Posteriormente se saluda con su compañero de fórmula para felicitarle por el esfuerzo, igualmente saluda a sus oponentes y al árbitro.

Arévalo regresó a la cancha para dibujar con su raqueta un corazón, en el que se acostó y extendió sus brazos, agradecido con toda su familia y la afición por el apoyo.

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San Salvador, El Salvador

Redacción

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