«Si regresamos o no pues no sabemos…pero que ellos estén ahí encerrados, que tomen las medidas de prevención…si no tienen toda la fuerza del cuerpo para resistir este virus voy a tener que llorarlos», es el dramático llamado que hace a su familia un agente de la Policía Nacional Civil (PNC) que lleva quince días sin verla.
Cumpliendo con una arriesgada labor que va mucho más allá del combate frontal a la delincuencia, los policías se enfrentan hoy contra un enemigo silencioso e invisible, el coronavirus.
Con la amenaza latente de que podría ser una de las personas contagiadas por la enfermedad, este policía envía un mensaje, desde un control vehicular, a los suyos: “que se protejan, ante todo, yo estoy aquí en la primera línea de la batalla, si regresamos o no pues no sabemos, pero que ellos estén ahí encerrados, que tomen las medidas de prevención”.
“Yo no puedo estar con ellos para supervisar esas medidas, pero les digo que viendo aquí mucha gente que no hace caso, que se están contagiando, me da no sé qué, que mis hijos, mi esposa y toda mi familia se puedan contagiar y si no tienen toda la fuerza del cuerpo para resistir este virus voy a tener que llorarlos”
Consciente de su deber ante esta crisis ocasionada por la pandemia, de su noble labor dentro del personal que se sitúa en la primera línea de este combate, este agente también hace extensivo el llamado a sus amigos y compañeros de trabajo para “que tomen todas las medidas de prevención para que el virus no se propague a todo el país”
Cansados, con sus botas y uniforme cubiertos de polvo se resumen estos días de ardua labor de los policías en todo el territorio, pero con la firmeza y buena voluntad de continuar con esta nueva batalla hasta las últimas consecuencias, como el reflejo de la misión que cada uno cumple en el lugar que le corresponde.