En la aldea de Bugisa, en el este rural de Uganda, Musa Hasahya Kesera, de 70 años, se ha vuelto conocido por ser padre de 102 hijos y abuelo de 578 nietos.
Hasahya, quien vive con parte de su familia en una casa deteriorada con techo de zinc oxidado y una veintena de cabañas de barro, afirma que no recuerda los nombres de la mayoría de sus hijos ni de sus 12 esposas. “Solo me acuerdo del primero y del último”, dijo a la Agence France-Presse (AFP) mientras revisaba viejos cuadernos con ayuda de las madres de sus hijos.
Actualmente desempleado, el patriarca reconoce que su situación es insostenible. En la familia, lo común es comer una vez al día; en el mejor de los casos, dos veces.
Las mujeres tejen esteras o trenzan cabello para sobrevivir, mientras que los hombres juegan a las cartas bajo los árboles. Los niños caminan largos trayectos para buscar agua, leña o comida.
En un intento por frenar la expansión de su descendencia, asegura que todas sus esposas utilizan anticonceptivos, aunque él no. “Ya aprendí la lección de mi actitud irresponsable”, dijo, reconociendo el error de tener tantos hijos que no puede mantener.