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El resultado que quería ver Sergio Ramos tras enfrentarse por primera vez a su exeequipo, Real Madrid, fue un empate de 1-1 desarrollado este sábado en el Sánchez- Pizjuán de Sevilla, España
Ramos se enfrentó al Madrid en uno de esos partidos que dignifican la Liga y su carrera y que acabó sin vencedor ni vencido. El juego fue y vino, según los ratos, en un clima de total intensidad, lo que ha sido la vida del central/caudillo, excelente en todas sus acciones.
El fútbol apareció al principio y los goles y la bronca llegaron al final. Y el peor fue De Burgos Bengoetxea, que no vio un penalti a Vinicius y anduvo con la vista perdida de principio a fin.
Fue el partido de Ramos, uno de esos futbolistas que, por íntimos, el Madrid nunca pudo imaginar como enemigo. Pero en el siglo XXI no hay finales perfectos ni siquiera para leyendas de su tamaño. Su figura trascendió a la importancia del choque y al debut de Diego Alonso, una transfusión uruguaya a un equipo de sangre tradicionalmente ya caliente.