(Foto/cortesía)
La noche del jueves, Argentina vivió uno de los episodios más nefastos de su democracia reciente. Un hombre armado quiso matar a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.
Medios internacionales explicaron que poco después de las nueve de la noche (hora local), el atacante, de nacionalidad brasileña, apuntó con una pistola cargada a la cabeza de la expresidenta.
No obstante, forma milagrosa, el arma falló en el último segundo y la bala no salió. El presidente, Alberto Fernández, confirmó que el arma estaba cargada con cinco balas, pero se encasquilló.
La imagen del hombre colocando la pistola frente a la cara de la vicepresidenta fue captada por las cámaras de televisión y ha dado la vuelta al mundo en cuestión de minutos, suscitando el repudio de los principales líderes de América Latina.
El intento de magnicidio eleva al máximo la tensión en Argentina, que atraviesa uno de los momentos políticos más complicados de los últimos años, después de que la Fiscalía solicitara una pena de 12 años de cárcel para Fernández de Kirchner y la división que este hecho ha generado en una sociedad ya de por sí muy polarizada.
Las autoridades argentinas han confirmado que el atacante es, Fernando Andre Sabag Montiel, un hombre de 35 años de nacionalidad brasileña que ya contaba con antecedentes penales por uso indebido de armas y que trabajaba como conductor de UBER.