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Así me extorsionaron mientras trabajaba en una iglesia


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Alejandra Luna
En Reportajes
Martes 4 de Octubre de 2016

Alejandra trabajó en una iglesia anglicana ubicada en una prestigiosa zona de San Salvador y relata la historia de como unos miembros de una mara lograron extorsionarlos.

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Hace unos meses, mientras tenía poco tiempo de conseguir empleo como asistente en una iglesia anglicana, Alejandra relata lo que le sucedió una tarde, algo que nunca se imaginó.

Esa tarde de martes, la recepcionista estaba en el baño cuando de repente sonó el teléfono de la iglesia. Alejandra contestó. 

Esa tarde solo habían tres mujeres en la iglesia, Alejandra, la recepcionista y la señora de limpieza. 

Cuando Alejandra contestó, una voz se presentó como miembro de una mara y le dijo que no fuera a colgar, si lo hacían, estaban vigilando la iglesia y sabían quien estaba adentro.

Alejandra no colgó, cuando le preguntaron el nombre se lo dio al miembro de la mara, y este le dijo que necesitaba $5,000. “Yo se que a esta iglesia la ayudan con dinero de Inglaterra, y yo se que el padre tiene dinero, así que los necesito ya”. Fueron las palabras del marero.

Alejandra dice que no le dio miedo y comenzó hablarle de la palabra de Dios al marero, “a nosotros ni Dios nos quiere” le respondió.

Ante esto Alejandra le dijo que tenía que consultarle al padre sobre el dinero que pedían, el marero le dijo a Alejandra que ya sabían toda la información de todas las personas que trabajaban en la iglesia, que sabían donde vivían, a que horas salían, con quien se iban, como se iban, así que no intentaran llamar a la policía, que le diera el mensaje al padre y el volvería a llamar en 15 minutos.

Cuando Alejandra habló con el padre, el le dijo que no era la primera vez que extorsionaban, que tratara de negociar con ellos lo mínimo que se les podía dar.

15 minutos exactos pasaron, y Alejandra contestó la llamada, inmediatamente le dijo que no tenían los $5000. El sujeto se molestó y le dijo que no jugaran con el. Alejandra le preguntó para que querían el dinero, el marero dijo que lo necesitaban para retirar los cuerpos de unos amigos que habían muerto en Guatemala, y que por eso acudían a la ayuda de la iglesia. Alejandra no le convenció la razón.

Pero de cualquier forma tras minutos de plática y hablar sobre la palabra de Dios, el marero aceptó $3000, y pidió que para nada interviniera la policía, sino, habrían repercusiones.

El padre había aceptado darle el dinero ya que no quería problemas, solo pidió a Alejandra que le dejara claro al extorsionador que nunca más volviera a hablar a esa iglesia. Alejandra dio el mensaje, el marero aceptó.

Una vez establecida la cantidad, el marero pidió que le depositaran el dinero esa misma tarde en una cuenta de un banco que lleva de nombre el de un imperio precolombino establecido en su mayoría en lo que hoy es México. Una vez depositado el dinero, Alejandra debía volver a la iglesia y esperar la llamada del marero para confirmar que todo había salido bien, ya que enviaría a una mujer, dueña de la cuenta, a retirar el dinero. Al momento que la mujer saliera del banco con el dinero y confirmara que ningún policía la estuviera siguiendo o al tanto de lo que pasaba, el marero se comunicaría con la iglesia para “agradecer”. Si algo malo pasaba, o el plan no salía como el quería, habría problema

El marero había recordado a Alejandra “que sabía donde vivía”.

Pero todo salió a la perfección para el extorsionador. Desde ese día, Alejandra dice que aconseja a todos sus conocidos no contestar el teléfono, sino debe, ya que no se sabe que tipo de llamada se puede recibir en El Salvador.

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