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Adiós amnistía, bienvenida reconciliación


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Mauricio Vallejo Márquez
En Entrevistas
Martes 19 de Julio de 2016

Por Mauricio Vallejo Márquez*

Y es que justamente esa sangre de los mártires es el abono de la democracia

Nuestro país no es ejemplo de probidad en el mundo

La Ley de Amnistía siempre me pareció algo injusto. Entiendo a la perfección que es parte del trato para que se dieran los Acuerdos de Paz en 1992, pero nunca podrá existir una verdadera paz si no hay justicia, si no se da una reconciliación y la esperada tranquilidad de tantos salvadoreños que hemos observado en silencio el ascenso de clases políticas, tanto como el “desinterés” por que se resuelvan y ajusticien los delitos de lesa humanidad y los innumerables casos de la guerra.

Siempre es más importante el dinero, la posición y el poder para los políticos. dar justicia no es algo que sea prioridad, siempre será moneda de cambio. Dar justicia no es algo que sea prioridad, porque en principio nuestra sociedad debe permanecer en silencio solo viendo pasar los días. Y es que justamente esa sangre de los mártires es el abono de la democracia, se piensa.

Pero, ¿Democracia para quienes? ¿Para las organizaciones que luchan por encontrar la verdad? ¿Para el sector excluido que guardamos la memoria de nuestros mártires? ¿Para los partidos políticos? Y así, podría cuestionarme por la eternidad, sabiendo que esa sangre de los mártires solo abona a los políticos que buscaron una posición y observan esas muertes como situaciones necesarias para obtener sus fines o daños colaterales. ¿A quien benefició la muerte de Mauricio Vallejo (1958-1981)?

Tantas muertes que no fueron inútiles y por eso es tan curioso que se mantengan en el silencio y ahora como el destape de una caja china los señores de la Corte Suprema de Justicia declaran inconstitucional la Ley de Amnistía al mismo tiempo que emiten una serie de diques al gobierno, como la negación del aumento del 13% en el recibo de la Electricidad. Y por esta situación algunos procuran restarle méritos la inconstitucionalidad de la amnistía.

Nuestro país no es ejemplo de probidad en el mundo, tenemos tantos problemas de corrupción, de violencia, de falta de educación y de memoria histórica. No despertamos del sueño de la indiferencia. La gente vive sus vidas en la profunda lucha de la sobrevivencia. Es lógico en un país donde luchamos por mantenernos a flote. Eso es lo que nos enseñaron: salvase quien pueda”, tal y como muchos en la guerra. Soy hijo de un desaparecido político. Edgar Mauricio Vallejo Marroquín es mi padre, un joven de 23 años que creía poder hacer un mundo mejor, pero fue secuestrado un 4 de julio de 1981 a las 10:45 de la mañana en Antiguo Cuscatlán y cuya madre murió de cáncer esperando saber de su paradero, así como le sucedió a su padre al fallecer con la incertidumbre de qué sucedió con su hijo. Ninguno de los dos supieron qué pasó. No sé que tanto buscaron, que tanto lograron averiguar.

Pero de lo que estoy seguro es que fue tanto como muchos padres o madres que solo supieron que sus hijos fueron arrebatados. Como miles de personas que sufrieron lo mismo y que apenas unos cuantos se encuentran agrupados en Comadres, Codefam y otras organizaciones, mientras muchas aún dudan si reclamar o denunciar y siguen guardando silencio, ese triste silencio que hace más amargo el dolor. Y ahora esto de estar en la incertidumbre con esta ley de amnistía que desconocemos si finalmente se sabrá la verdad, si solo se conocerá de masacres, mientras tantos nombres seguirán en el olvido. Me resisto a creer que debamos de olvidar, aunque hablen de prescricpión seguiremos buscando la verdad, saber donde quedó el cuerpo de mi padre, darle sepultura y seguir honrando su memoria.

Yo no espero que sus asesinos y los cómplices de estos me pidan perdón, tampoco viviré pensando en la venganza, mucho menos busco arruinarles la vejez. Solo aguardo por lo que es justo, porque mi madre pueda al fin aclarar el destino de su esposo, por hacer lo que cualquier hijo hace al fallecer su padre: sepultarlo. Y creo que al igual que yo, la mayoría que sufrimos esta situación queremos justicia. La justicia llegará para cada uno, ya de por sí la ausencia de valor para hablar es suficiente para saber que poco valen los captores y asesinos, quienes ni siquiera tienen la muestra de humanidad para decir donde dejaron sus cuerpos. Bienvenida entonces a la inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía, sea o no una caja chino o una muestra de buena voluntad, porque nos da la esperanza de que algo no está tan mal en nuestra patria.

*Escritor y periodista salvadoreño, Licenciado en Ciencias jurídicas y docente universitario

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